Aprendiendo a poner límites

Miércoles 18 de Enero , 05:04

Hace tiempo escuchaba una conversación sobre el saber poner límites. Algo que sin duda nos hace falta aprender a más de 2 por aquí. Sin embargo, después de escuchar los argumentos y sobre todo los testimonios de las personas durante esa conversación me llamo poderosamente la atención que en todos los casos expuestos durante la plática, la gente se refería a ponerle límites a otra persona. A establecer una especie de “frontera” entre el otro y yo.

Algo así como dicen en mi pueblo: “pinto mi raya” y de aquí no pasas. La verdad no me desagrada la idea ni estoy en desacuerdo, la cosa esta en que yo puedo “pintar” esa raya para que el otro no la pase y me “invada” mi territorio y ese otro tal vez me escuche y me crea que hasta aquí se puede y mas allá no.

Pero nada de eso sirve si no entiendo que el ejercicio de poner límites, por lo menos de una manera sana, comienza por ponérmelos a mí mismo. “¿What?” ¿Cómo estuvo qué fue que dijo? Si, así como se oye. Los límites más importantes que puedo aprender a establecer en mi vida son los que limitan o condicionan mi comportamiento.

Es costumbre (y mal hábito) de muchos, extralimitarse en lo que están dispuestos a hacer por el otro. Me parece que podemos identificar por lo menos 2 grandes modalidades en las que nos urge aprender a poner límites a nosotros mismos.

Una, que podría ser la más sencilla de digerir, es el saber decir no. Rechazar o tal vez sea más correcto decir, dejar de aceptar aquello con lo que no estoy de acuerdo o no es importante para mí, pero que acabo haciendo para no molestar al otro, caerle gordo o peor aún, para que no me deje y me abandone.  

Ponerme límites a mi mismo en este renglón me permite elegir cuándo y qué quiero hacer en lugar de dejar que otro lo haga por mí. En otras palabras de nada serviría decirle a una persona “ya no me digas que hacer” si cuando me dé una indicación o sugerencia yo salga volando a hacerlo.

La segunda modalidad que me parece constituye una gran oportunidad de ejercer eso de poner límites consiste en dejar de supervisar a los demás. En otras palabras, dejar de meterme en lo que no me importa. La mayoría de nosotros actuamos como si Dios nos hubiera mandado un correo diciéndonos “te nombré supervisor plenipotenciario de la humanidad” o séase que nos dio la capacidad de saber qué le conviene y qué no a cada ser humano de este planeta.

Además de saberlo, la autoridad de opinar en cada situación que se presente y tratar a toda costa de convencer a los otros de hacerlo a nuestra manera, por las buenas o por las no tan buenas. Este ejercicio de ponernos límites a nosotros mismos no resulta nada fácil. Pero es absolutamente necesario si queremos realmente aprender a vivir en paz. Es muy cansado estar supervisando a diestra y siniestra. Recuerde por favor, que toda opinión no pedida es una falta de respeto.

Como dijera mi maestro “los reflectores están apuntando en la dirección equivocada” ¿Quieres supervisar a alguien? Pues supervísate a ti mismo. Asegúrate que todo lo que haces es en beneficio tuyo y de los demás. A los otros, pues déjalos que hagan lo mismo. Si cada quien se hace cargo de sí mismo, tendremos mejores posibilidades de vivir en armonía y tranquilidad. Tan tan.

¿Quieres saber más? Ven a la Conferencia:

“¿Por qué digo si cuando quiero decir no?”

Miércoles 25 de enero 7 p.m. en Tijuana. Reservaciones al Tel 634-9750

Jueves 26 de enero 7 p.m. en San Diego. Reservaciones al Tel. (619) 618-2864

Edmundo Sánchez es Psicólogo Clínico e Industrial. Es Psicoterapeuta Familiar y de Pareja. Es además consultor de  varias empresas en la región.

Visita www.edmundosanchez.com

 Edmundo Sánchez

blog comments powered by Disqus