Desierto de concreto
Viernes 14 de Enero , 09:56Por: Ricardo Arana Camarena.*
Desde hace meses no pasa semana en que no se hable o escriba, a favor o en contra, del proyecto Plaza 11 de Julio. Que si los árboles merecen vivir, que si los árboles están plagados, que si Tijuana no tiene Zócalo, que si la identidad, que sí se haga, que no se haga. Esta semana el argumento en vaivén es que si un zócalo debe estar en el “nuevo centro” de Tijuana (el Alamar) o que si debe estar en el llamado por el patronato del proyecto “corazón” de Tijuana: la Zona Río.
En dicha parte de la ciudad se concentran los poderes, tal vez por eso sea el corazón... desde el punto de vista del poder: Allí están los mal-llamados “palacios” y otras muchas oficinas de gobierno y las zonas financieras, comerciales y de entretenimiento, por mencionar algunas.
Allí también, en un predio justo en frente de los “palacios” estatal y municipal, se erigirá algún día el otro poder que faltaba en la lista: la iglesia católica construirá su nueva catedral. Esto no es nada nuevo, el proyecto tiene cocinándose al menos una década -según mis experiencias, pero seguramente lleva mucho más-. Entonces, hay que decirlo con todas sus letras: el proyecto de la Plaza 11 de Julio servirá para unir los poderes civiles con los poderes eclesiásticos, tal cual pasaba en la época de la Colonia.
Para quienes se sorprendan por la afirmación anterior, además de varios artículos periodísticos publicados en 2010 en distintos on line media locales, sirva de ejemplo a escala la llamada Plaza Bicentenario, inaugurada a marchas forzadas el 23 de noviembre por la anterior administración municipal del panista de Jorge Ramos y que sirvió para crearle un patio frontal a la vieja catedral del a Calle Segunda: una plancha de concreto y al centro una cruz edificada con recursos públicos.
En una visita realizada a dicha plaza pudimos constatar que, además de la cruz, no se consideró la colocación de un solo bote de basura, lo cual no es novedad viniendo de proyectos elaborados o aprobados por funcionarios públicos.
Pero esa ineptitud no solamente se revela en los detalles. También en las grandes dimensiones de las cosas vemos la ignorancia. El mejor o peor ejemplo de ello es la mismísima canalización del Río Tijuana, de la cual varias generaciones de constructores se enorgullecen, basada en la modificación del curso del río -y con ello del ciclo natural del agua- y la sustitución de la tierra y la vegetación por el concreto.
La gente piensa, equívocamente, que vivimos en un desierto y aplica una lógica estúpida: si vivimos en un desierto, no hay vegetación, entonces ¿para qué queremos agua filtrándose por la tierra? Mejor hay que canalizarla, tirar concreto por todos lados. No vivimos en un desierto, vivimos en una zona de Matorral costero. Hoy mismo corremos el riesgo de que se siga aplicando ese modelo en dos puntos muy importantes de nuestra cuenca hidrológica: al este en el Río Tecate y más hacia el oeste en el Río Alamar, lo cual significaría aumentar los grados de erosión, sequía, desertificación y mal clima -por no mencionar los problemas sociales que generan las canalizaciones- en todas las zonas comprendidas entre ambos ríos. Es decir, desecaríamos y le daríamos más al traste a la zona de desarrollo con más crecimiento de la región metropolitana.
La solución de concreto ya la conocemos, hasta premios Cemex han inventado para premiarla. Mejor escuchar a los disidentes: quienes abogan por un enfoque distinto en el tratamiento urbano de los ríos apuntan que es mejor sanearlos (en cada campaña de limpieza en el Alamar se reúnen decenas de toneladas) y promoverlos como espacios públicos de convivencia, deporte, cultura y esparcimiento, además de rescatar sus aportes naturales para el ecosistema y su valor estético o paisajístico. Para mayores informes véase por ejemplo el programa del Parque-Río Tecate.
Así pues, aun cuando el Alamar sea el nuevo centro de Tijuana, lo que se ha propuesto como solución sigue manejándose bajo la lógica del concreto y sus planchas: levantar un zócalo allí... o muchos pequeños zócalos en distintas zonas de la ciudad.
La verdad es que quedan muy pocas esperanzas de que esta visión cambie, puesto que lo más que podemos esperar de quienes toman decisiones en el poder e incluso quienes las critican desde el des-poder, es que se cambien el casete, cuando lo que deberían aspirar a hacer es a cambiarse el bio-chip, cosa que no tienen.
Lo que quiero decir es, que aun cuando algunos disidentes plantean, seguramente con buenas intenciones, el cambio de la lógica del concreto por el de las zonas verdes, existe también una enorme ignorancia en torno al impacto que la jardinería pública y privada ha causado, con sus especies no nativas, céspedes, eucaliptos y ficus, al sustrato biológico de la ciudad, además de que siguen pensando en términos de masivas áreas verdes.
Lo que deberíamos estar pensando es en un reverdecimiento integral, descentralizado, rozomático, impulsado desde las comunidades y por los ciudadanos, basado en la re introducción de plantas nativas a la región, apegado al ciclo natural del agua y modificando totalmente nuestra visión de la jardinería pública y privada, pero ese será tema de otra columna.
Finalmente, mi punto es: si logramos rehabilitar los ríos como lugares de encuentro entre la ciudad y la naturaleza y entre los ciudadanos y su cultura, no necesitaremos andar inventando planchas de concreto para dar un supuesto arraigo a la población de Tijuana o para fusionar los poderes que, hay que admitirlo, hasta hoy siguen controlando el destino de casi dos millones de personas en esta zona metropolitana que es, ahora sí, gracias a la mano del hombre, un desierto de concreto.
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I’m so zorry: Dispensen, pero, con todo respeto, su religión no es mi religión.
Zorreando: Hay que preguntarle al Ingeniero Durán cuánto drenaje se ha derramado al mar en esta temporada de lluvias...
El queso en el pico: ¿Habrá algún funcionario que entienda lo que aquí se dice? Que cante, por favor.
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* Ricardo Arana Camarena es editor del periódico comunitario El Zorro de La Mesa.
www.elzorro.org / @inktank_media
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