Expresarse con plena libertad
Miércoles 08 de Junio , 09:50Como todos sabemos, el 7 de junio es el día de la libertad de expresión y desde esta página, quiero homenajear a los que ejercen libremente el periodismo, aquellos que se la juegan en cada artículo y ponen en riesgos hasta sus vidas por defender y exponer un ideal que en definitiva a todos nos favorece; informar con claridad y sin sesgos e investigar a fondo, hechos que sin este trabajo, pasarían desapercibidos por el grueso de la población que siempre espera leer a estos profesionales para ayudarse a formar una opinión, a veces, para normar un criterio o tomar decisiones.
El periodista cuenta la historia, no hace la historia, porque sabe que la objetividad es imposible, pero la imparcialidad es un objetivo que se debe alcanzar en cada artículo, en cada nota o reportaje donde la cercanía con la realidad, aproxime a la gente a la verdad, esa que no es absoluta, pero que se presenta honesta y genuina.
El derecho a opinar se sostiene sobre la débil, pero porfiada razonabilidad del trabajo cotidiano. Atravesado la mayoría de las veces, por escenarios contemporáneos poblados por los disparates existenciales de nuestra condición y la violencia continuada que crea la sociedad de nuestros días en la que estamos inmersos. Emerge cada vez que puede, de la diaria rutina cronista para visualizar, entender, evaluar, discrepar, debatir, postular o aplaudir, según sea el caso.
Puedo decir, con absoluta certeza, que en estos 24 años que llevo trabajando en Tijuana, tengo buenos amigos del gremio periodístico con los que hemos transitado juntos, esta vibrante y generosa ciudad.
Para ellos y con mi afecto, es el artículo de hoy.
¿Qué es lo que importa informar?
Uno de los problemas más complicados a que se enfrenta un periodista es esa cotidiana, permanente y sempiterna decisión que tienen que tomar en cada cierre de edición en un periódico, cada reunión editorial de un programa informativo de radio o televisión y también cuando hay que alimentar a cada minuto, portales de Internet con noticias tan variadas como espectaculares. Desde siempre la misma angustiante duda de calificación: ¿Qué importa más? ¿Cuál noticia puede esperar? ¿Qué hecho tiene mayor relieve? ¿Cómo impacto sin atemorizar?
¿Hablo de los problemas que acarrea la crisis económica, o de aquellos de índole político, que también son parte del problema de la gente? ¿Un congreso médico o la reunión de gobernadores fronterizos? ¿La inseguridad o cómo exigir para que haya seguridad? Desde luego, educación, salud, transporte público, costo de la vida, endemias y epidemias, amor, odio, relaciones humanas, desocupación, trabajo.
Libros, tratados académicos, cursos en escuelas de periodismo podrían concretarse a partir de este debate que no tiene resolución. En definitiva, son las subjetividades, las apreciaciones de cada uno, las que deciden a partir del interés del público, de ese interés que percibe el profesional de la información, que como un árbitro de fútbol, también se puede equivocar en el medio del fragor incesante de acontecimientos, pero que nunca lo hará deliberadamente para perjudicar a nadie, de antemano.
Esto importa, esto no. Esto es urgente, pero no importante. Esto es importante, pero sin embargo no es urgente. Nunca habrá resolución definitiva para este dilema. Afortunadamente, la sociedad abierta da la posibilidad de escuchar tantas voces como queramos, alternando puntos de vista y discutiendo a fondo lo que sí interesa.
Transparencia informativa.
Transparente es algo que puede ser visto de los dos lados, algo que por definición no es opaco. La necesidad y el deseo de transparencia en la información están instalados de manera irreversible en nuestra sociedad, que alguna vez vivió mimando el secreto, protegiendo la confidencialidad dudosa y la clandestinidad.
El conocimiento pleno de lo que sucede, pasó a convertirse inevitablemente en parte de la cotidianeidad que vivimos, la transparencia pasó de ser una retórica incumplida, a una mecánica bien accionada que ya nadie podrá parar. Tras ella viene la necesidad de que no haya impunidad, en un país como el nuestro que vive en ejercicio de una libertad que no es regalo de nadie, sino logro de todos.
Llevo más de cuatro lustros de trabajar en Tijuana y creo que el pseudo periodismo no tiene cabida en esta sociedad actual.
Los trascendidos, rumores, versiones, chismes de pasillo, fuentes dudosas, noticias infundadas que a nadie identificable pueden ser atribuidas, son cosas del pasado y si queda algún “profesional” con ese perfil, poco tiene que hacer aquí, en esta tierra de gente honesta, trabajadora y emprendedora que sigue confiando en la palabra de este gremio.
Opinar y formar opinión.
Alguien dijo alguna vez que “la peor opinión es el silencio”, los medios de comunicación tienen la tarea de seguir informando con un lenguaje entendible que agregue; no que disuelva, que una, no que divida, que prevenga sin alarmar y que nunca le apueste al silencio que es la peor de las formas que existe para comunicarle a la gente lo que ellos no pueden ver ni saciar sus interrogantes, porque en definitiva una sociedad que sabe preguntar, sabe ser libre.
Estos son tiempos de crisis donde a menudo vemos diluirse tradiciones, cultura y educación, que son bases fundamentales de una organización consciente de la vida , consciente quiero decir por deliberada, volitiva, producto de la propia voluntad de la gente para que no se deteriore lo que es, sin duda alguna, el eje de una continuidad histórica. Sin información oportuna y veraz, sin formar opinión, sin oír los reclamos, se vacía el sentido de una sociedad y se fertiliza el terreno de las injusticias.
“El uso de un dato falso es la peor falta que pueda cometer un periodista y con él, la publicación que lo emplea. Sus resultados inevitables son el descrédito profesional y la posibilidad de pleitos y procesos para uno y otro”.
Libro de estilo de Diario 16, normas básicas de redacción. Madrid, España.
“La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo: si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria”
Mariano Moreno.
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