Mitos y Realidades de la Infidelidad, 2da parte
Lunes 20 de Junio , 02:29La semana pasada hablamos del tema de la infidelidad. De cómo se promueve más la masculina que la femenina a través de la doble moral y por qué la infidelidad de la mujer, a diferencia de la del hombre, sí afecta el seno familiar; esto último, ya que el probable hijo producto de esa infidelidad nace dentro de la familia, mientras que el hijo de la infidelidad del hombre, no. Esto no significa que esto sea correcto, simplemente se trata de explicar por qué es así la cosa.
Continuando con nuestra conversación sobre la infidelidad, una de las repercusiones más comunes y lamentables es el daño emocional de quien es afectado. Hay personas que guardan rencor a la pareja infiel el resto de su vida. Cuando una de estas personas platica conmigo y me dice “es que fulanito (o fulanita) me echó a perder la vida”, a mí no queda más remedio que decirle, “no, fulanito fue infiel hace 20 años. La vida te la echaste a perder tu misma (o) pensando en ello los últimos 20 años”. La mayor parte del daño en la infidelidad la provocamos nosotros mismos -“los afectados”- por lo que pensamos en el momento en que ocurre y por lo que pensamos en el futuro. Como dice Alan Cohen: “el dolor es parte natural de la vida, el sufrimiento es opcional”.
Si bien es cierto que darse cuenta de una infidelidad puede ser muy doloroso, el que siga siendo “una tragedia” en mi vida muchos años después depende exclusivamente de mí, de nadie más.
Aún en el momento de descubrir la infidelidad, aprender a pensar de otra forma nos puede ayudar a pasar por ese momento de una mejor manera. ¡¿What?! Sí, aprender a pensar de otra forma. Cuando digo algo como lo que acabo de escribir, mucha gente inmediatamente responde “¿entonces no me debe de importar y que haga lo que quiera?” Si a la primera, no a la segunda. ¿Que qué? Si a la primera, realmente no nos debería importar, al menos no en las magnitudes que suele hacerlo (ahorita explico); no a la segunda, aunque eso depende de cada quien. Si en tu realidad de pareja, la infidelidad es absolutamente inaceptable, entonces una vez descubierta la infidelidad de tu pareja, la relación está terminada. Si estás dispuesto o dispuesta a “dar otra oportunidad” entonces hay que seguir adelante, pero hagas lo que hagas, te quedes o te vayas, hay que “darle trámite” a lo emocional para no quedarse atrapados en el dolor y el sufrimiento.
Creo que las consecuencias dolorosas en el nivel emocional se originan principalmente por la interpretación equivocada de lo que sucede. La mayoría de la gente interpreta la infidelidad como algo “muy personal”. ¿Y qué no lo es? Pues, fíjese comadrita que no. Por el contrario, creo que la infidelidad es de lo más impersonal que hay en los problemas de la pareja. Sin quitar el mérito a algunas personas que hacen verdaderos esfuerzos sostenidos por motivar a su pareja a que cometan infidelidades a través de negar el sexo o de la indiferencia cotidiana, la verdad de las cosas es que la infidelidad es un asunto impersonal. Dicen que “los hombres son infieles cuando pueden, las mujeres… cuando quieren”. Hay algo de verdad en esa frase. El hombre que encuentra una oportunidad de acostarse con alguien que considera fuera “poco probable” (una actriz, como ejemplo extremo) lo haría casi seguramente; mientras que la mujer aceptaría en función de un beneficio recibido.
Pero al final de cuentas es una decisión personal.
Déjame ponértelo de otra manera, si tu pareja alguna vez fue infiel, te puedo asegurar que la última persona en la que pensaron (esos dos) en ese momento fuiste tú. Me parece que parte del sufrimiento en que la gente se clava después de una infidelidad es porque busca una especie de protagonismo en lo que sucedió, el cual realmente no tiene. Puesto de otra manera, queremos ser parte de la película que no tiene nada que ver con nosotros.
Tal vez parte del problema sean las premisas que usamos para interpretar la infidelidad. La más común -y a la vez más peligrosa- es la que dice que la infidelidad es la evidencia inequívoca de falta de amor. Oséase que si mi pareja fue infiel entonces evidentemente no me ama. Esto es falso de toda falsedad. ¿Cómo estuvo que fue que dijo? Pues así como se ve, la infidelidad no es evidencia de falta de amor, la infidelidad es sólo evidencia de infidelidad. Como dije anteriormente, de ahí habrá que definir si la pareja sobrevive la infidelidad o no, pero quedarse atrapado en la idea de que sólo es infiel el que no ama es muy peligrosa.
La infidelidad ocurre por diversas razones, algunas de ellas realmente inexplicables. Hay gente que “lo tiene todo” en su relación (por lo menos aparentemente) y aún así, busca a otra persona. Ocurre en parejas que apenas comienzan y también en las que llevan muchos años juntos. Ocurre por exceso, ocurre por carencia. Ha existido siempre y seguirá existiendo. Dicen los que manejan los números, que por lo menos la mitad de todas las parejas pasan al menos en una ocasión por la infidelidad; y estamos hablando de la infidelidad descubierta, de la que no se sabe nada es de la otra mitad, cuántos realmente han sido siempre fieles.
Sea cual fuere la realidad, lo que a mí me parece importante recalcar es el “darle trámite” de la mejor manera posible.
Así que me despido con lo que yo llamo “la regla de oro de la infidelidad”: una vez que la infidelidad se ha descubierto, hay que interpretar de una manera sana, no colocarse como víctima, no querer pensar que es evidencia de falta de amor. Después, la pareja tendrá que discutir si continúan o no y de ser así, bajo qué condiciones. Pero una vez hablado, llorado, acordado y pactado, te quedes o te vayas, esta es la regla de oro: “Nunca, nunca, nunca se vuelve a tocar el tema”. Tan, tan.
Edmundo Sánchez es terapeuta de pareja y facilitador profesional.
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Edmundo Sánchez
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