Enfoque: Desarraigo
Domingo 24 de Octubre , 03:58Aterrada por los índices delictivos registrados en Tijuana, la señora Carolina decidió permanecer en San Diego el mayor tiempo posible. Con medio siglo de vida a cuestas, doña Carolina insiste ante sus hijos para que no crucen la frontera el fin de semana.
Originaria de Tijuana, esta mujer acepta tener “mucho miedo” de transitar por las calles de esta ciudad, aunque sus temores no se generan solamente por la inseguridad. Ella lamenta que por decisiones centralistas, se aplique un programa de exhaustiva revisión automovilística y peatonal en la zona de ingreso a México.
El Sistema Integral de Aforo Vehicular (SIAVE) se ha encargado de trastornar la generosa interacción entre México y Estados Unidos. Las enormes filas de automóviles retrasan enormemente las actividades binacionales.
Un viernes por la tarde, un automovilista que intenta ingresar a México puede tardar hasta tres horas. Resulta inconcebible que un residente de la frontera tenga que invertir tres horas para entrar a México y otras tres para cruzar a Estados Unidos.
Doña Carolina se dedicaba en su natal Tijuana a comercializar con vehículos usados, aunque su negocio quebró luego del decreto emitido por el gobierno federal el ultimo día de diciembre del 2008. Tan radical decisión obligo a los loteros a cerrar sus negocios. La Secretaría de Hacienda aplastó los precios estimados, es decir, tabuló el costo de los autos en un valor aparentemente “real” y con ello encareció las importaciones.
La mujer remató los vehículos que le quedaban y rento el predio que ocupaba a un joven dedicado al lavado de vehículos. El precio por la renta del terreno, apenas le permite liquidar el mantenimiento y pagar el predial, dice.
Asustada por la voracidad del gobierno y angustiada por los crecientes índices delictivos, doña Carolina decidió establecer su residencia en una de tantas zonas sandieguinas donde pululan los mexicanos. Allí opera un modesto restaurante donde sus hijos cocinan, lavan trastos y friegan los pisos. Con eso sobreviven y pagan una casa que recién adquirieron.
Desde la noche del viernes, el sobresalto invade a doña Carolina la saber que sus hijos viajan a Tijuana a divertirse en los antros. La madre de familia está permanentemente temerosa de que su hijos sean interceptados por policías municipales, asaltados por delincuentes comunes o levantados por integrantes del crimen organizado.
Apenas este fin de semana, la mujer reconoce que sus temores se incrementaron al conocer que 14 jóvenes fueron asesinados durante una fiesta familiar en Ciudad Juárez Chihuahua. Una persona que escuchaba la conversación se atrevió a interrumpir: “Ciudad Juárez, señora, no es Tijuana”, dijo el metiche. --Tiene razón, reviro la dama. –Pero es México.
Sondeo
A propósito de Chihuahua, este fin de semana, el autor de Enfoque recibió la llamada de un experimentado periodista que reside desde hace una década en la Ciudad de Los Ángeles, California.
Hace unos días, el comunicador realizo una entrevista telefónica a Marisol Valles García, una joven de 20 años que hace unos días acepto convertirse en la jefa de la Policía Municipal en la ciudad de Praxedis G. Guerrero, en el Estado de Chihuahua.
La joven Marisol, especializada en criminología, levantó su dedito al observar que nadie en su alrededor aceptaba el cargo de jefe policiaco. Tan solo este año, en ese municipio han sido ejecutadas más de 2 mil 500 personas, lo que convierte en el sitio más peligroso del mundo.
El medio de comunicación que divulgó el reportaje, le pidió al periodista que viajara de Los Ángeles a Praxedis Guerreo Chihuahua, para encontrase personalmente con la audaz Marisol para conocer su entorno familiar y la vida que lleva en este municipio.
A pesar de su amplia experiencia, el periodista decidió consultar a sus amigos que viven en México, con la intención de “sondear” la conveniencia de abandonar Los Ángeles para viajar al municipio mexicano más peligroso del planeta.
Sin embargo, ninguno de sus amigos, los comunicadores, se atrevieron a sugerirle viajar. Nadie quiere tener en la posterioridad, un doloroso cargo de conciencia.
Comentarios: jflores@uniradio.com
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