Opinión Legal

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Lic. Oscar Díaz

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La mala praxis legal

17 Febrero 2016

Oscar Díaz

firma@diazgomezabogados.com.mx

Muchos se quejan de las malas prácticas de “los abogados” en general pero nadie pone el tema en la mesa para analizarlo y discutir con seriedad y a fondo, lo que en broma muchas veces y de manera equivocada se minimiza o se tolera por la sociedad, ya sea por ignorancia, apatía, fatiga o conveniencia.

No necesito explicar mucho para decir que en nuestro país el gremio de “los abogados” tiene una pésima imagen entre la población. La profesión está bastante desprestigiada, por decir lo menos. Un gran sector de la sociedad vive resentido con “los abogados” y los cataloga de corruptos, peligrosos y ventajosos.

La mala fama no ha sido de a gratis, muchos abogados se la han ganado a pulso, el problema es que por unos cuantos pagan todos, y desde hace muchos años la mala idea generalizada en torno a la abogacía ha permeado de tal manera que hoy en día para muchas personas un abogado es sinónimo de riesgo.

También hay que decirlo, en gran medida este desprestigio de los abogados va de la mano con el desprestigio del poder judicial y el de todo el sistema de impartición de justicia de México. No crean ustedes que solamente los políticos y sus partidos tienen mala reputación, no, este ideario sin duda se extiende a jueces, magistrados, ministros, ministerios públicos, policías, funcionarios, etc., y por ende afecta a la abogacía en general que resulta un elemento más del mismo sistema.

Es el pan de todos los días encontrarse en boca de algún conocido con la típica historia del abogado que engaño a su cliente, o la del abogado que cobró un primer pago de honorarios y luego desapareció, la del abogado que no contesta las llamadas y que nunca tiene tiempo para atender o impulsar un asunto que en su momento acepto representar y por el que percibió en tiempo y forma una debida remuneración.

No solamente los médicos pueden incurrir en una “mala praxis”, también los abogados, con la gran diferencia que en el gremio de la abogacía no existe una especie de Comisión de Arbitraje que ventile las quejas presentadas por particulares en contra de malos abogados y dirima controversias éticas o de procedimiento en los que se vean involucrados. Ese es un gran problema que urge atender, dado que la población, por más extraño y bizarro que suene, en realidad no cuenta con ninguna opción para quejarse y acusar a un abogado por su mala práctica. Esto me lleva al tema de la colegiación obligatoria que tanto se sigue discutiendo y que tanta controversia continúa causando, sobre todo por la resistencia de grupos de poder acostumbrados a dichas prácticas, relajadas y nocivas, a las que no se quiere renunciar y que por el contrario se pretenden prolongar mientras se enarbola la bandera del argumento relativo a la libertad de profesión.

Sin ir muy lejos y como para muestra basta solo un botón, les cuento que hace un par de días coincidí casualmente en un juzgado con un conocido que también es colega abogado y que hace mucho tiempo no veía. Después del saludo protocolario y las conversaciones triviales de rigor, tras comentar brevemente acerca del programa de televisión que tengo a bien conducir los días martes por la noche en Utv denominado “Opinión Legal”, en relación a los consejos que doy a la audiencia en el mismo, entre risueño y en serio exclamo y me dijo: “ya no nos calientes a los clientes, no les abras los ojos, luego se van a poner más sangrones, si así de por si no quieren pagar”. Su comentario, lleno de groserías que yo aquí suprimí o matice por respeto a ustedes, solo me confirmó una vez más la nula seriedad con la que algunos colegas toman la profesión, la urgente necesidad que tenemos de trabajar en la preparación de los abogados como verdaderos profesionales del derecho (no solo como profesionistas de ocasión), la inaplazable necesidad de la colegiación obligatoria y la necesidad también de crear una institución encargada de ventilar y sancionar una mala conducta, más allá de las denuncias que por estos temas se puedan interponer en un ministerio público, que por lo general son un chiste.

A esta mentalidad que les ejemplifico hay que sumarle la de los abogados estafadores, la de los abogados patito, la de los abogados truncos y la de los mercenarios, ahora súmenlo por varios cientos o algunos miles y multiplíquenlo por la entidades del país, y con ello podremos tener una ligera idea de porque estamos como estamos.

Por lo pronto, sin cesar en el empeño le digo que, si usted tiene la necesidad de contratar un abogado se asegure de que la persona que está contratando realmente lo es, investigue acerca de su reputación pública, de su experiencia en el área legal en la que usted necesita ayuda, y exija siempre la celebración de un contrato por escrito de prestación de servicios profesionales en el que se plasmen todos los compromisos que obligan a ambas partes.

A los buenos abogados, los que dignifican todos los días dentro y fuera de su trabajo su profesión, mi más sincero agradecimiento, respeto y admiración. Hay que seguir trabajando.

Tradicionalmente y a lo largo de la historia mundial la abogacía ha sido una profesión identificada con el conocimiento, la estrategia y la preparación. La abogacía no implica una licencia para robar ni para aventajar, sino el constante compromiso de colaborar con la sociedad en búsqueda de un lugar cada vez más justo para todos, defendiendo lo correcto y dando a cada quien lo que se merece, ni más ni menos.

El autor es abogado litigante, titular de la Firma Legal DIAZ GOMEZ ABOGADOS, egresado de la UABC, con Maestría en Derecho Constitucional y con Especialidad en Derecho Civil, Mercantil y Familiar. Actualmente conduce “Opinión Legal”, programa de televisión de difusión legal, opinión, critica y debate, que se transmite todos los martes de 8 a 9 de la noche por Utv, canal 157.

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