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Lic. Oscar Díaz

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¿Qué hacemos con las elecciones?

30 Marzo 2016

Por: Lic. Óscar Díaz*

Como cada corto tiempo vienen de nuevo elecciones en nuestra entidad. Tal vez muchos ya estén enfadados con la sola idea de imaginar lo que vendrá: pancartas, propaganda, comerciales, spots publicitarios, debates; el circo y la parafernalia natural de cada proceso.

Los índices de abstencionismo en nuestro país son preocupantes pero en nuestro Estado son de plano una vergüenza, nos encontramos marcados por un reciente y deprimente porcentaje de más del 70% de inasistencia a las urnas. En Baja California hay varios factores especiales y regionales que son poco comunes, atípicos, y que se suman a las diversas razones por las cuales la gente no vota en México, uno de estos por ejemplo es la migración, otro tiene que ver con la movilidad y la propia dinámica de la frontera, hablando específicamente de Tijuana, entre varios otros.

Una buena parte del desencanto social con las elecciones es la disminuida confianza en los partidos políticos y en sus figuras y candidatos, los electores ya no creen ni en unos ni en otros. Es curioso pero el ciudadano común difícilmente encuentra diferencias hoy en día entre los partidos, más allá de los colores y los discursos que los van identificando, todos los políticos se parecen y todos son corruptos, esa es la percepción general que tanto lastima la imagen de estas agrupaciones y que ha sido caldo de cultivo durante los últimos años para que un tipo como Cuauhtémoc Blanco haya logrado ser alcalde de Cuernavaca y alguien como “El Bronco” haya alcanzado nada más y nada menos que la gubernatura de Nuevo León.

Otra parte tiene que ver con una falta de efectividad en los gobiernos pues, aquellos que no son considerados corruptos –que son una aguja en un pajar- aun así terminan en su gran mayoría resultando incompetentes. La sociedad se siente apartada de la toma de decisiones y desanimada porque finalmente ninguna de las opciones de la baraja les ha resuelto el problema. 

Los partidos políticos sacan raja del hartazgo impulsando candidaturas de figuras públicas sin preparación ni cualidades y los candidatos independientes -tanto los buenos como los malos- explotan el discurso anti partidista a los cuatro vientos y se asumen como los buenos por el solo hecho de no competir desde una plataforma partidista.

Total cada quien trae sus intereses y su agenda, el problema es que todo eso a mucha gente le aburre, le cansa y la aparta de participar; más aún cuando los partidos se mimetizan y dejan de ser identificables por lo que son, lo que piensan y lo que representan.

Hoy difícilmente un ciudadano puede identificar conceptos políticos sofisticados como “la izquierda” o “la derecha”, menos aun cuando en la práctica estos conceptos no son del todo definidos ni aparecen permanentes, sino que se manifiestan a conveniencia en cada ocasión. Hoy lo que los votantes pueden identificar son discursos básicos y sencillos, los colores de un partido, su logotipo, las caras de sus candidatos, sus frases más celebres y en todo caso sus errores. Es por motivos muy superficiales por los que un ciudadano termina simpatizando con un candidato o con un partido, los actores políticos lo saben a la perfección y por lo general tratan de explotarlo y aprovecharse de ello.

Entonces ¿qué hacemos con las próximas elecciones?, ¿votamos o no?, ¿opinamos o no?, ¿nos involucramos?, ¿vale la pena?... ¡Claro que sí!!

La práctica del voto es un ejercicio que materializa nuestra democracia y la hace efectiva para el ciudadano de a pie, ese que no forma parte del gobierno sino que es gobernado, por lo tanto es una oportunidad que no debemos dejar pasar para manifestar nuestro agrado o nuestro descontento, pero ya sea a través de uno u otro premiar o castigar las opciones que se nos dan para elegir.

Sin embargo, más allá de solo contemplar el panorama electoral, razonar nuestro voto y decidir si nos metemos o no en estos temas, en realidad deberíamos tener siempre muy presente una premisa mucho más amplia, el hecho de que este país es nuestro, de nosotros los mexicanos, los de hoy, no es de los mexicanos de ayer ni de los de mañana, no es de los políticos de carrera, no es de los partidos, no es de los candidatos, es nuestro, y deberíamos de asumir esa propiedad a cada instante, no solamente en las elecciones cada determinado tiempo sino a cada día, involucrándonos un poco más cada vez en la vida pública y en la toma de decisiones, informándonos y exigiendo a conciencia lo que nos corresponde.

Así como diariamente tomamos decisiones dentro de nuestra casa también debemos participar diariamente de la toma de decisiones de nuestra entidad, el tiempo que no estamos en casa estamos en nuestra ciudad, en nuestro país, estamos en nuestro lugar público, ese que nos une en filiación a todos.

Entonces, ¿qué hacemos con las elecciones?, ¡pues elegir!, hay que participar, ser proactivos, informarse y formar parte de lo que nos toca. Un ciudadano que no participa facilita la corrupción y la impunidad, por ello antes que nada debemos elegir participar, para después elegir el “que”, “como”, “cuando”, “donde”, “con quien” y “a través de quien” lo hacemos.

Al final, en cada ocasión elijan lo que quieran y por las razones que sean, pero disfruten la responsabilidad del viaje a conciencia y tomen la decisión de participar, esa sin duda es la mejor elección.

*El autor es abogado litigante y analista político, titular de la Firma Legal DIAZ GOMEZ ABOGADOS, egresado de la UABC, con Maestría en Derecho Constitucional y con Especialidad en Derecho Civil, Mercantil y Familiar. Actualmente conduce “Opinión Legal”, programa de televisión de difusión legal, opinión, critica y debate, que se transmite todos los martes de 8 a 9 de la noche por Utv, canal 157.

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