Opinión Legal

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Lic. Oscar Díaz

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Corrupción mexicana S. A.

03 Agosto 2016

Por: Lic. Oscar Díaz*

Todos los indicadores y mediciones, ya sean nacionales o internacionales, desde hace tiempo señalan a México como un país con serios problemas de corrupción en el sector público y una tendencia a la alza en los mismos.

Según el Organismo no gubernamental Transparencia Internacional en una medición del índice de percepción de la corrupción nuestra nación es la número 103 de un total de 175 analizadas en el mundo, atrás de nosotros están Argentina, Ecuador, Paraguay y Venezuela, lo cual no es ningún alivio. Por encima de nuestros números están países como Filipinas, Armenia, Mali, Trinidad y Tobago, Jamaica, Panamá-con todo y sus “Panamá Papers”- y hasta Colombia.

Un dato muy revelador y que refleja en buena medida la gran brecha que nos divide con los países del norte es observar que en esta misma medición Estados Unidos y Canadá incluso se ubican entre los primeros lugares, lo que es una muestra más de lo cercanos que estamos y lo diferentes que somos.

Esta es una medición que atiende a la percepción popular, misma que en muchas ocasiones puede deberse a factores objetivos pero también subjetivos, por lo que no refleja fielmente una verdad absoluta pero sin duda logra darnos una idea de cómo estamos de acuerdo a como nos percibimos. La imagen de ser un país muy corrupto genera una percepción domestica e internacional negativa que afecta al turismo, a la inversión extranjera, a la fiscalización, a la gobernabilidad, a la seguridad pública, a nuestra economía, educación y democracia, entre otras cosas, y en este caso la percepción pública de México es justamente su imagen pública.

Hace un par de semanas se promulgo por el Presidente Peña el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción que aparentemente viene a combatir de manera frontal este cáncer que corroe nuestras entrañas y que se ha convertido en una de esas grandes tragedias nacionales, probablemente la peor de todas, dado que ha sido el caldo de cultivo que ha permitido la realización de muchas otras.

Este nuevo sistema busca llenar vacíos y establecer una camisa de fuerza a los funcionarios públicos de todos los órdenes de gobierno para obligarlos a trabajar bajo un nuevo esquema permanente de orden, transparencia y control, que les impida en cierta medida los abusos y las malas prácticas y que los castigue cuando estas se realicen perjudicando al erario público o a la nación por acción u omisión. Se busca también tener una mayor y mejor fiscalización del gasto público y un nuevo sistema investigador, juzgador y sancionador que permita erradicar la corrupción y abatir la impunidad relacionada a la corrupción.

Es necesario reconocer el avance conseguido con esta política pública aterrizada a través de este nuevo sistema, mismo que al final fue apoyado por todas las fuerzas políticas, quienes obviamente aunque no estuvieran de acuerdo o cómodos con algo de su contenido querían salir en la foto, nadie podía disentir, el que lo hiciera seria el Judas del pueblo; al final recordemos que este nuevo sistema es en detrimento de sus propios privilegios y no debió de haberles resultado muy cómodo a uno que otro legislador, a sus cabilderos o a los terceros directamente interesados.

Para grandes males grandes remedios, ese es el mensaje que parece enviar el Congreso y el Presidente al pueblo mexicano y a la comunidad internacional, sin embargo la sola presencia de un nuevo andamiaje no servirá de mucho si no se empiezan a dar los resultados en la vida cotidiana, dado que la intención última debe de ser en todo caso combatir y abatir la corrupción y no solo mejorar la percepción que de ella se tiene en México bajo el pretexto de contar ahora con nuevos instrumentos que den una mejor apariencia y una imagen de atención al problema. El nuevo sistema debe prevenir para que no suceda la corrupción y sancionar cuando ocurra, la prevención difícilmente podrá medir sus resultados en corto tiempo pero el brazo sancionador del nuevo sistema tendría que empezar a mostrarnos dramáticos avances de inmediato para que podamos creer en él porque, si algo tenemos claro es que estamos hasta el tope de corrupción, y si no comenzamos a ver destituciones y sanciones administrativas y penales a los funcionarios y particulares que incurren en ella nuestra desilusión será aún más grande y nuestros gastos mayores con peores o iguales resultados.

En medio de todo esto hay un factor que no se ha tomado en cuenta en el nuevo diseño del combate a la corrupción, el de la formación educativa de nuestras nuevas generaciones formadas en valores éticos y consientes del tema de la corrupción y la afectación que causa al estado en general. Es falsa la idea de que la corrupción es parte intrínseca de la naturaleza del mexicano, pero admito que este mal ha permeado en gran parte de nuestra población desde hace muchos años y que por lo mismo se ha colocado en un pedazo de nuestra cultura generacional envenenando a muchos nacionales que diariamente han participado, vivido y convivido gustosamente con este problema hasta llevarlo donde se encuentra hoy en día. En este sentido podemos decir que el nuevo sistema sería una solución a corto y mediano plazo que debería ser apoyada por el tema educativo, que debiera ser tratado por nuestra Secretaria de Educación Pública y que tendría resultados complementarios a largo plazo.

En México la corrupción se ha constituido en una gran empresa privada que ha crecido al margen del sector público y que trabaja en base a un círculo vicioso plagado de intereses personales, es parte de la idiosincrasia política mexicana, y la encontramos en todos los niveles de gobierno, solo en ese contexto nos explicamos escándalos como el de la casa blanca de Peña sin sanción o consecuencia, ahí la gran paradoja del asunto.

Bienvenido el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción, ahora a dar resultados, porque este solo es un medio para un fin.

*El autor es analista político y abogado litigante, titular de la Firma Legal DIAZ GOMEZ ABOGADOS, egresado de la UABC, con Maestría en Derecho Constitucional y con Especialidad en Derecho Civil, Mercantil y Familiar.

firma@diazgomezabogados.com.mx

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