Animalia

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Iván Márquez

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¿Quién es en realidad un peleador de perros?

17 Marzo 2017

El entrenamiento de un perro para que ataque a otros, es a base de someterlos a situaciones extremas que causen la perdida de la capacidad de estabilizar sus emociones, que prácticamente enloquezca generando dentro de sí tanto odio hacia cualquier manifestación de vida en su entorno que lo primero que desee sea matarlo, provocarle una desenfrenada adicción al sabor y olor de la sangre sirviéndole inocentes vidas de otros pobres animales  de mucho menor capacidad para defenderse de su atacante, prácticamente un sacrificio para entrenarlo.

¿Te resulta patético y horroroso?

¿Y si te dijera que estas imágenes que se forjaron involuntariamente en tu cabeza mientras leíste son también el reflejo de la personalidad y la vida de las personas que pelean perros?

Una clara patología mental como la psicopatía acompañada de una autoestima baja son las características genéricas de estas personas a quienes su complejo de inferioridad les ha mermado tanto la integridad mental, que ven como imperativa la  necesidad de reforzar una virilidad nula en el reflejo de un perro musculoso y feroz que ataque a otros demostrando superioridad.

Independientemente del lucrativo negocio de las peleas de perros que lo único que denota es la incapacidad de ganarse la vida de manera honrada y digna, estas prácticas generalmente van asociadas de  vicios como lo son el alcohol y las drogas, en diversas redadas donde han sido detenidos los asistentes en todos los casos se ha comprobado el nexo de la crueldad con el narco ya sea mediante el tráfico o el consumo, peleas de perros o de gallos ustedes elijan, para el fin es lo mismo.

Brillantes joyitas resultaron ser los peleadores; ahora, si también son víctimas o no, es algo que en lo personal no me toca ni interesa juzgar, lo que si se es que conozco gente exitosa marcada por un pasado trágico digno de guion de película y con todo ese sufrimiento que debieron acarrear por muchos años se sobrepusieron de una manera admirable y son considerados ahora pilares de la sociedad, por lo que la diferencia entre ellos y el patán común y corriente drogadicto que solo consigue excitación mediante la visualización de escenas sangrientas donde su cobardía le dicta que es preferible que estas involucren a  otros seres indefensos y no a él, radica única y exclusivamente en una sola cualidad inescrutable llamada fuerza de voluntad.

Si tú que me estás leyendo conoces a alguien que guste de estas crueles prácticas, muéstrale esta pequeña lectura, pues generalmente son ellos los últimos en enterarse de lo trastornados que están; quizá algunos se rediman y reivindiquen con la sociedad y los animales a quienes tanto daño han hecho,  quizá otros tantos, una lamentable mayoría, después de saber lo que en realidad son preferirán continuar actuando de manera vil en lo clandestino cediendo paso a la negativa,  consejera enemiga de la razón que buscara ocultar con una imagen de aparente rudeza al  acomplejado, enfermo y cobarde hombre que hay detrás. 

“Nunca pongas a otros a hacer algo que tu cobardía no te permita hacer.”

 

 

 

 

 

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