Animalia

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Iván Márquez

¿Y por qué no amar a un animal?

13 Septiembre 2017

Por: Iván Márquez

En uno de esos momentos personales de autoevaluación donde realizamos el conteo de daños, revisión de propósitos, fijación de rumbos y establecimiento o ajuste de límites de tolerancia, se me atravesó en el orden del día este espacio de libre expresión donde honrado se me permite comunicarme con la comunidad animalera, amigos recientes o de antaño, transmitir vivencias, conocimientos, consejos, opiniones, aprendizajes e incluso errores.

Confiado en el alcance del medio jamás tuve que preocuparme por la audiencia y entonces, por alguna extraña razón comencé a cuestionar la efectividad y repercusión de mis palabras, pensé que si somos los de siempre no estarán leyendo más que lo que ya hayan leído o escuchado por otro lado, si somos  amigos estaremos picándonos el ombligo y riendo con remembranzas que fertilicen el lazo  amistoso consecuentando humores y sin sabores, si nos leemos entre enemigos seguiremos  siempre al acecho y de cacería esperando el siguiente error o discrepancia para lazar la crítica.

Conocidos, amigos, enemigos, la audiencia comenzó a sentirse limitada y disminuida… habiendo todo un mundo siempre los mismos, comencé a sentirme como uno de tantos que caminan con la mirada al suelo precavidos para no tropezar con obstáculos perdiéndome al mismo tiempo la belleza del espectáculo que ofrece el camino por no levantar la mirada, así metafóricamente logré describirme a través de esta su columna, no quise ser estricto conmigo mismo y denominarla  “el desperdicio de una brillante oportunidad” porque después de todo el verdadero logro es percatarte de la perdida de rumbo y modificar el curso y es por eso que con su perdón viejos amigos lectores.

Hoy prefiero destinar estos renglones a todas aquellas personas que se encuentran perdidas en el  limbo que se forma en el espacio entre las líneas, que no entienden de lo que escribo y mucho menos lo que siento porque sencillamente no le gustan los animales, que aunque  válido y respetable, también sería padre lograran asimilar que existe la remota posibilidad de que pudieran gustarles  y asignarles otro espacio en tu vida que no fuera en el plato.

Puedo decir que hay tanto que aprender solo de observarles, que por momentos muchas de nuestras conductas cobran sentido, porque después de todo también no somos más que animales y  solo cuando vemos en ellos reflejado nuestro comportamiento es que nos entendemos a nosotros mismos y comenzamos a conocernos y perdonarnos en lugar de justificarnos.

Darse esa oportunidad de vivir el día a día como ellos, liberados de un pasado y sin la preocupación de un futuro porque la limitante de tu conciencia solo te permite pensar en el bienestar del momento y la satisfacción inmediata de tus necesidades básicas recordando que parte de esas necesidades son el reír, amar lo que te rodea y a quien te rodea, acariciar lo que tienes a la mano, tomar el sol y escuchar al prójimo; sin prisas sin esperar a recibir tus ¨likes¨ por haberlo hecho porque después de todo lo que te satisface no se pregona y mucho  menos se somete a consenso mediante comentarios.

Amar y aprender de un animal es vivir sin egoísmo, sin celos o envidias, respetando tu vida y la suya, cohabitando en armonía sin reclamar espacio o imponer hegemonía; es entender que mientras más sencilla tu persona más placentera la vida. -¿A cuántos perros no envidiamos cuando les vemos tirados tomando el sol?  ¿A cuántos paquidermos no envidiamos cuando despreocupados se baten en el fango para refrescarse? ¿Qué nos impide hacer lo mismo aunque sea unos minutos? ¿En qué momento nos volvimos tan perfeccionistas, complicados y predecibles?

Muchos de los nuevos lectores quizá solo digan -¡Ese tal Iván…vete al carajo!- Y den click a la siguiente página… pero habrá quien se quede, a quien le interese leer más y aprender un nuevo modo de vida, la vida en la compañía de un animal, deseosos de protegerles fortaleciendo la causa; los que ya estamos y nos conocemos, sabemos que entre gitanos jamás nos leeremos las cartas porque la causa nos une y queramos o no nos respetamos porque son  pocos los genuinos, los que practican lo que predican y no vitorean maldiciendo la crueldad mientras reposan el taco.

Para quienes se quedan….¡Sean ustedes bienvenidos!

 
 
 
 
 

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