Animalia

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Iván Márquez

Lo que sin darse cuenta también salvo Frida…

11 Octubre 2017

Más de uno estará de acuerdo si comento que existen días que desmotiva comprender cómo  la fragilidad de la existencia se ve reducida a una mera cuestión de azares, donde si en el justo momento que nuestra conciencia lo exige no realizamos un viaje introspectivo sin escalas en las terminales del miedo o el egoísmo, terminaremos por aceptar el devaluado precio de vida que el odio, la indiferencia, la tragedia y la coincidencia nos imponen.

-¿Por qué no nos inmutamos cuando vemos el residuo de lo que alguna vez fue una vida tendido en la carretera?- No nos percatamos que en el camino de la vida cada cadáver que vamos esquivando es un gajo de humanismo del que nos vamos desprendiendo; que pronto quedaremos vacíos y vulnerables a los vicios ocultos de nuestra oscura personalidad. Si de la tragedia logramos rescatar cualquier manifestación de vida -¿qué importa si esta es de un animal?- No nos molestemos porque fue un loro o una tortuga quien salió de los escombros de un terremoto y no un humano puesto que cada vida cuenta y merece ser rescatada, valorada y procurada.

Todo esto se supone debería proponernos generar conciencia, cada tragedia tiene un propósito, cada pérdida es una sacudida que no nos tambalea, somos tan fuertes, tan invencibles, tan soberanamente inertes que da lástima considerarnos humanos.

Tampoco cuestionemos a los perros de rescate,  porque en  la adversidad es cuando razas, géneros y especies debemos estar más unidos que nunca, exijamos que los métodos de adiestramiento sean los adecuados humanitariamente hablando y no busquemos eliminarles con la razón nublada por el fanatismo, el término del “utilitarismo” no tiene por qué ser tan radical si en algunos casos y  obvias variantes no resulta  absolutamente nadie  lastimado, el caso de Frida fue una oportunidad ideal para que la gente comenzara a empatizar con otras especies, más que personas de los escombros Frida salvo  mentes sin criterio forjado, frívolas y egoístas, abriéndoles por completo el panorama a la cultura de la aceptación, convivencia y compasión.

Definitivamente la madre tierra está advirtiéndonos a gritos su hartazgo y seguimos renuentes a escuchar, vivimos como si detrás de nosotros no vinieran generaciones, acabándonos los recursos y desapareciendo especies de la faz de la tierra. Es increíble que en lo único que estemos de acuerdo es en nuestro derecho a no acordar con los demás; que si los perros de rescate no deberían existir, que si perdemos tiempo salvando vidas animales, que quien es prioridad y quien no, llevando siempre las convicciones al extremo del fanatismo demeritando la esencia y nobleza de la acción.

Fue verdaderamente motivo de orgullo ver la unión  durante el pasado terremoto,  animales rescatando y siendo rescatados, humanos preocupados por toda vida latente atrapada no sólo bajo  los escombros sino además bajo la pesada e insoslayable piedra de nuestra reticencia entendiendo por fin que cada vida cuenta.  


 

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