Nicolás Maquiavelo: 500 años cumple El Príncipe

3 Septiembre 2013

No hay duda que El Príncipe fue la obra cumbre de este genio controversial florentino, curiosamente escrito en unos pocos meses desde la cárcel, donde guardaba una condena por “conspiración” contra la acaudalada familia de los Médicis, -luego se comprobó la falsedad de estos cargos-,  tras la rejas se inspiró para dejar esta obra cumbre, tan consultada por políticos a través de los siglos, su vigencia cobra fuerza cuando hay que tomar decisiones en esta materia y como guía para la acción, sobre todo en épocas candentes como las actuales en todo el mundo, donde la política sigue jugando un papel principal dentro de la sociedad moderna y mucho se espera de ella o de aquellos que todavía la manejan bien, a través del poder; con precisión, eficacia, transparencia y respeto a los ciudadanos para que éstos puedan exigir sus derechos.

Maquiavelo dejó establecidas en este tratado, algunas reglas y sugerencias que valdrían la pena repasar y poner en contexto actual para darnos cuenta de la magnitud excepcional, el concentrado sentido común y el enfoque cualitativo de este discutido gran pensador, que entre otras sabias reflexiones acotaba que “el acto de gobernar es en sí mismo un problema profundamente moral para quien deba ejercerlo”.   

Comparto con ustedes, frases y párrafos completos extraídos al azar de esta pieza literaria fundamental en la historia de la política moderna, nada menos que en los últimos quinientos años. De todas formas, como el criterio y las varas para medir su interpretación varían de persona a persona, -el éxito de un hombre bien podría representar el fracaso de otro-, no siempre resulta fácil establecer qué es el éxito personal; a menudo un hombre económicamente rico, puede sentirse tan frustrado, insatisfecho e infeliz, igual o peor que aquel que vive en la más profunda pobreza.     

 

  

 

El Estado y su conducción

 

Maquiavelo utilizó criterios duros y también blandos en sus recomendaciones para un manejo efectivo del Estado. Aconsejaba:

 

“Un príncipe también adquiere prestigio siendo un verdadero amigo o un verdadero enemigo, esto es, revelándose a sí mismo sin reservas a favor de un lado contra otro. Esta política es siempre más ventajosa que la neutralidad. Quienquiera sea el vencedor siempre será su ventaja manifestarse y hacer una guerra vigorosa, porque, en el primer caso, si usted no se pronuncia, siempre estará a merced del conquistador, más para placer y satisfacción del que ha sido derrotado, y usted no tendrá justificación ni manera alguna de obtener protección o refugio. El conquistador no desea amigos dudosos que no lo ayuden a él cuando se encuentra en dificultades; el perdedor lo repudia a usted porque usted estaba renuente de ir, armas en mano, y arriesgarse con él. Un príncipe sabio, entonces, busca consejo continuamente. Pero cuando le conviene a él y no a alguien más. Es más, priva a todos de la voluntad de aconsejarlo en nada si él no lo ha pedido.”  

 

“Cuando sucede, para la buena fortuna de una ciudad, que surge un ciudadano sabio, bueno y poderoso que dicta leyes por las cuales se apaciguan las pasiones de los nobles y las del populacho, o que de alguna manera están tan limitadas que influyen poco o nada, es entonces cuando la ciudad puede llamarse a sí misma libre, y el Estado puede juzgarse a sí mismo firme y estable. En vista de que está fundada sobre buenas leyes y buenas órdenes, no necesita de la virtud de un hombre, como ocurre en otras partes, para mantenerse.”

 

Liderazgo bien entendido

 

Preguntando si un líder debe ser considerado compasivo antes que cruel, amado antes que temido, Maquiavelo opinaba que “César Borgia era tildado como cruel; no obstante su crueldad reformó la Romaña, trajo unidad y restauró el orden y la obediencia, porque la firmeza debe ser infligida de una vez y para siempre, los beneficios deben ser concedidos poco a poco, gradualmente”

 

Construya buena voluntad

 

“Combinando la ferocidad del león con la astucia del zorro, los gobernantes exitosos delegan a otros la promulgación de medidas impopulares y mantienen enteramente en sus manos la distribución de favores, para asegurarse apoyo personal. Ser temido es una cosa, ser despreciado es otra. Para salvaguardarse contra la pérdida de poder ante extraños o a través de un golpe interno, Maquiavelo aconsejaba que usted debe respetar la propiedad de su gente y asegurarse siempre de tener buenos aliados.

Vigile a sus amigos, porque si usted anexa ‘territorio nuevo’ debe desarmar a los habitantes, porque los gobernantes, históricamente han encontrado hombres más leales y más útiles entre quienes eran sospechosos al comienzo de sus gestiones públicas, que entre aquellos que, en el comienzo, eran sus amigos más fieles…un príncipe nunca tendrá dificultad alguna en ganar sobre aquellos que eran inicialmente sus enemigos, cuando ellos están tan necesitados de alguien en quien apoyarse.”

 

Compre lealtad

 

“La primera opinión que se forma sobre la inteligencia de un gobernante se basa en la calidad de los hombres que se encuentran a su alrededor. Cuando son competentes y leales, él siempre será considerado sabio, porque ha sido capaz de reconocer sus competencias y mantenerlos leales”.

 

Rechace a los aduladores

 

“Los hombres se encuentran tan felizmente absorbidos en sus propios asuntos y entregados al autoengaño que es difícil no caer víctimas de esta plaga; y si tratan de evitarlo, se arriesgan a volverse despreciados. Esto es porque la única manera de salvaguardarse contra los aduladores es hacer que la gente entienda que usted no se ofende con la verdad; pero si cualquiera puede decirle su verdad, entonces le perderán el respeto. De modo que un príncipe astuto debería adoptar el camino intermedio”.

 

Han pasado quinientos años desde que Nicolás Maquiavelo (1469-1527) escribió

EL Príncipe, que ahora es parte de todo un plan de estudios de Teoría Política en las universidades. Este pequeño libro ha sido ensalzado y denigrado por igual por las sucesivas generaciones. De hecho esta obra estaba en la primera edición del Index papal de libros prohibidos, considerado como “diabólico”, enemigo de la liberalidad, introductor del mal en la política y por lo tanto calificado de anticristiano, sin embargo los millones de admiradores en el mundo de este conciso libro, lo consideran simplemente como un ABC de la política, al haber introducido el realismo en lugar del idealismo medieval y la charlatanería engañosa. Como lo hizo notar alguna vez el

observador y analista político Sir Robert McAlpine: “Todo lo que hizo Maquiavelo, fue explicar la realidad palpable de la política por más cruda y amarga que fuera”      

 

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