Transporte público, el eslabón débil en la cadena contra el Covid-19 El transporte público no es uno de los ejemplos a seguir.
Por: Octavio Fabela TIJUANA.- Luego de más de dos meses de repetir diariamente que mientras la ciencia no encuentre la manera eficaz y eficiente de combatir el virus SARS COV2, causante de la mortal enfermedad Covid-19, la única forma de protegerse es evitando el contacto cercano con otras personas, muchos sectores en los que resulta esencial la concentración de personas han implementado medidas que les permitan seguir operando con seguridad, lamentablemente el transporte público no es uno de los ejemplos a seguir. Para que los trabajadores de una planta puedan ingresar a trabajar, la fábrica debe cumplir con medidas de sanidad que se realizan bajo la supervisión y aval de las instituciones de salud; para que un supermercado pueda abrir sus puertas también debe observar protocolos de sanidad mínimos, sin embargo, para que las personas puedan llegar hasta ellos, un porcentaje importante deben utilizar el transporte público en el que las medidas de sanidad son más retórica que realidad. Son las 8:30 de la mañana del domingo 24 de mayo; para comprobar la seguridad sanitaria que se vive en una unidad del transporte público el reportero decide abordar una unidad tipo “Calafia” frente al parque de la colonia Reforma en la delegación Sánchez Taboada, el recorrido que hará será hasta el bulevar Díaz Ordaz. La distancia es relativamente corta 2.32 kilómetros. Tras unos 20 minutos de espera y desistir de abordar cuatro vehículos porque sus asientos estaban ocupados, aborda el quinto en pasar. De acuerdo con dirigentes del sector transportista, solo entre el 25 y 30 por ciento de la flotilla de unidades está operando, lo que significa que son menos opciones y las pocas que están en operación deben satisfacer las necesidades económicas de un modelo de negocio que obliga a los choferes a repartir los ingresos entre dueños del vehículo, permisionario de las placas, costos de operación y su manutención. Solo el 20 por ciento de los operarios del transporte público son dueños de su unidad y titulares de la concesión. Al abordar la unidad, había pocos pasajeros, sin embargo, una cuadra más adelante el chofer detuvo la unidad por espacio de entre 10 y 15 minutos, no continuó el trayecto hasta que la totalidad de los asientos estuviera ocupado; cabe mencionar que la sana distancia en la Calafia, resultaba imposible de mantener. De acuerdo con la explicación diaria que ofrece el secretario de Salud, debido que casi ninguno de los ocupantes del vehículo somos cercanos, debemos mantenernos a un metro o un metro y medio de distancia. De una observación simple de las personas que viajaban, una tercera parte lo hacía sin utilizar cubrebocas, entre ellos el chofer, que pese a que ya tenía el cupo completo, hacía sonar la bocina constantemente invitando a las personas que veía en la calle para que abordaran. Al concluir el viaje, la mitad de los pasajeros no eran los mismos que cuando se inició el trayecto y al menos tres personas viajaban de pie. El conductor no tenía a la vista alguna sustancia sanitizante y el cubrebocas estuvo en todo el recorrido colgado del espejo retrovisor sin importarle que es en la empresa Calfia en la que se registra el mayor número de bajas por Covid-19. La constante rotación de las personas que utilizan el transporte público en un trayecto relativamente corto y que solo constituye una porción de la ruta que cubrió la unidad, hace evidente que la sanitización de los vehículos en las terminales resulta insuficiente, pero también exhibe la urgencia de que el modelo de negocio con el que operan los sistemas de transporte en la ciudad debe modificarse, si no es por voluntad, debe ser obligado por la autoridad, pues de otra forma es casi imposible que respondan en momentos de emergencia como la que provoca la pandemia. La elevada concentración de personas en el reducido espacio de una unidad del transporte público es mayormente observable en las que cubren rutas hacia la zona Este de la ciudad. En las horas pico se convierten en espacios propicios para la propagación del virus, sin embargo, no hay una acción determinante ni de autoridades de todos los niveles de gobierno como de las empresas para evitarlo. La única opción que ofrecen es la de limpiar los vehículos en las terminales pero eso no impide la aglomeración que en época de pandemia, resulta una práctica insalubre.
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