Educación es responsabilidad compartida entre escuela, familia y autoridades: presidente de escuelas particulares
TIJUANA.- La educación es una responsabilidad compartida en la que las familias, autoridades educativas, instituciones de salud, especialistas y la sociedad en su conjunto, deben asumir el papel que les corresponde, afirmó el presidente de la Asociación de Escuelas Particulares de Tijuana (ADEPT), Marko Díaz, previo a la finalización del ciclo escolar 2025-2026.
Dijo que durante décadas, la escuela ha sido uno de los pilares fundamentales en el desarrollo de la sociedad; en sus aulas no solo se enseñan matemáticas, ciencias o historia, sino que también se forman ciudadanos, se cultivan valores y se construyen proyectos de vida.
Sin embargo, planteó, hoy las escuelas enfrentan una realidad profundamente distinta: directores y docentes de instituciones públicas y privadas "estamos siendo llamados a resolver problemas cuya raíz ya no es únicamente educativa, sino social y familiar. violencia escolar, consumo de sustancias ilegales, crisis de salud mental, uso excesivo de dispositivos electrónicos, conflictos familiares, ciberacoso, ansiedad, depresión y conductas de riesgo, llegan diariamente a las aulas, convirtiendo a la escuela en el primer espacio donde estas problemáticas se manifiestan".
Marko Díaz agregó que a ello se suma una creciente carga administrativa y la implementación de diversos protocolos que, si bien son indispensables para garantizar la protección de niñas, niños y adolescentes, también deben salvaguardar al docente, respaldar su autoridad pedagógica y brindar certeza jurídica en el ejercicio de su labor.
No puede existir —enfatizó—, una educación de calidad si quienes educan trabajan desde la incertidumbre o el temor; la autoridad del educador se afirma en el ejercicio competente de su profesión y proteger esa autoridad profesional no significa autoritarismo sino crear las condiciones necesarias para que el proceso educativo se desarrolle con seguridad, confianza y responsabilidad.
El presidente de las escuelas particulares de Tijuana manifestó que la realidad hoy en día es evidente; hoy se le está pidiendo demasiado a los colegios. La escuela tiene una misión extraordinaria, pero también tiene límites, dijo; educar no significa sustituir el papel de la familia, pues la formación del carácter, el desarrollo de hábitos, el aprendizaje del respeto, la responsabilidad y la regulación emocional comienzan en el hogar. "La escuela fortalece esos aprendizajes, pero difícilmente puede construir desde cero aquello que no ha sido sembrado desde los primeros años de vida".
Cuando la sociedad deposita en la escuela la responsabilidad absoluta de resolver problemas familiares, sociales y emocionales —planteó—, corre el riesgo de debilitar precisamente a la institución que necesita mantenerse fuerte para cumplir su verdadera misión que es la de educar.
Sin embargo mencionó que esto no significa que las escuelas deban permanecer indiferentes; al contrario, "los colegios seguiremos siendo espacios seguros, de prevención, acompañamiento y detección temprana. Seguiremos trabajando por una educación para la paz, por el bienestar emocional y por la protección de cada estudiante".
Pero para lograrlo necesitamos un verdadero trabajo en corresponsabilidad, afirmó, en el que las familias, las autoridades educativas, las instituciones de salud, los especialistas y la sociedad en su conjunto, asuman el papel que les corresponde.
En este contexto, los protocolos institucionales adquieren una importancia fundamental. Contar con lineamientos claros, bien estructurados y jurídicamente sólidos protege a los estudiantes, brinda certeza a las familias y permite que los docentes y directivos actúen con seguridad, dentro del ámbito de sus responsabilidades.
Díaz afirmó que igualmente es indispensable el respaldo decidido de las autoridades educativas y gubernamentales. Las escuelas necesitan marcos legales claros, acompañamiento técnico y mecanismos de protección para quienes diariamente toman decisiones complejas buscando siempre el bienestar de los menores.
Advirtió que no se puede colocar sobre los hombros de un maestro o de un director responsabilidades que legal, ética o profesionalmente corresponden a otros actores. Proteger al docente también es proteger a nuestros alumnos, señaló.
Una comunidad educativa fuerte requiere maestros respaldados, directivos acompañados y familias comprometidas. Solo así podremos construir entornos donde la educación florezca y donde cada niño tenga mayores oportunidades de desarrollarse plenamente, finalizó.