Las revolcadas de Olga
Por @chefjuanangel
-Mamá, mamá, ¿a qué hora llegan mis primos?-
-No sé, Luisito-
-¿Pero falta mucho o poquito?-
-No sé, Luisito-
-¿Y les vas a dar unas revolcadas?-
-Ay muchachito, ahora entiendo todo...
El pequeño Luisito de 6 años, miraba ansioso a través de la ventana; tenía media hora en la misma posición: con sus codos sobre el muro contiguo y la carita sostenida sobre sus manos, casi ni parpadeaba; al menor ruido alargaba su cuello para ver si se trataba de la Calandria, un camión que llegaba al pueblo cada tres días.
-¡Llegó la Calandriaaaa, mamá ya vienen mis primos!- Luisito salió corriendo detrás del camión hasta su próxima parada: la plaza pública del pueblo. La Calandria se detuvo junto al kiosco, los pasajeros comenzaron a descender - ¡Lupito, Yoli, ya llegarooon!- Luisito corrió a recibirlos con un abrazo, luego les ayudó a cargar sus petacas y dos cajas de cartón con encargos traídos desde la Capital.
Cada verano, los primos de Luisito llegaban al pueblo para pasar las vacaciones, su motivación más grande no era el río, ni los paseos a caballo -Oye Luisito, ¿qué hizo de comer mi tía Olga?- preguntó la pequeña Yolanda -¿A poco nos va a dar unas revolcadas?- dijo Lupito emocionado.
Cuando llegaron a casa, Olga los estaba esperando para terminar de preparar la comida -¿Cómo están tesoros bellos?- Dijo Olga mientras los levantaba a ambos con un fuerte abrazo y les daba dos besos que marcaron de rojo carmín sus mejillas. Yoli entregó a su tía las cajas de cartón bien atadas con ixtle grueso -Tía, aquí le manda mi mamá- de inmediato, Olga comenzó a desatar los nudos y cuando abrió la caja encontró el ingrediente que necesitaba -¡Siéntense, ahorita les voy a dar unas revolcadas!- exclamó orgullosa la mujer de casi dos metros que a diario, y sin excepciones, portaba un bata larga y floreada que ataba con un cinto de mariposa por debajo de su pecho.
Los pequeños lavaron sus manos y tomaron asiento en el comedor, con un silencio sepulcral observaban a su tía Olga desplazándose en la cocina de un lado para otro. Primero abrió unas latas de salsa picante que le mandaba su hermana de la Capital y las vertió sobre un sartén con carne molida, cebolla, ajo y orégano, la casa completa estaba llena de aroma, mientras que las tripas de los chamacos sonaban al unísono -¡Ahora sí, prepárense para la revolcada!- gritó Olga con su voz ronca; sobre una sartén con abundante y caliente aceite de maíz, aventó unas tortillas de maíz que movió con velocidad y destreza inigualable logrando un dorado perfecto, sin quedar crujientes -Y después de la revolcada en aceite, la carnita- dijo Olga; a cada chamaco le sirvió 5 revolcadas, es decir, 5 tacos dorados a su estilo: solo las orillas de las tortillas estaban crujientes, mientras que el resto se doblaba perfectamente para sostener la carne molida con lechuga y un poco de crema. Aquellos tacos grasositos eran el plato favorito de toda la familia, y aunque los de Olga eran los preferidos, sus hermanas también los preparaban pero cada quien con diferente sazón y técnica de revolcado.
En México, hay tantas versiones de tacos dorados como familias que habitan este país, cada cocinera tiene una versión inigualable pero sabrosa, las diferencias más básicas radican en:
Tipo de relleno: carne, papas, queso, etc.
Forma de cocción: fritos con todo y relleno, tortillas fritas por separado y después rellenadas.
Guarniciones: crema, queso, lechuga, salsas picantes...
Consomés: hay quienes los acompañan con un caldito de carne o incluso los ahogan con él.
¿Cómo es tu taco dorado favorito?
Chef Juan Angel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.