La masita milagrosa
Por @chefjuanangel
-¿Ya viste, Concepción?
-A ver, Jesusita, ¿a poco los volvió a sacar de su casa?
-¡Pues velos!, están sentados en la banqueta, al rayo del sol.
-¡Se le van a deshidratar las criaturas a la pobre Teresa!
-Desde que el hombre encontró el entierro en el corral, se le "botó el chango".
-Pobre hombre, cree que se va volver rico con ese negocito.
Meses atrás, mientras Teodoro escarbaba en el corral para echar unos cimientos, encontró una lata oxidada de buen tamaño que parecía contener algo.
-¡Ah, jodido! ¿Y estas monedas?
El recipiente estaba repleto de monedas antiguas que no tenían valor alguno, pero cuando vació el recipiente halló un sobre sellado con engrudo, lo sacudió y abrió inmediatamente.
-"La masita milagrosa" ¡Ah, fregado! ¿A poco curará el empacho?
Teodoro continuó leyendo, su cara denotaba emoción e incredulidad, se rascaba la cabeza y repensaba lo que acababa de leer.
-Oye, mujer, salte a la banqueta y llévate a los chamacos.
Teresa volteó a ver a su marido con extrañeza.
-¡Que se salgan de la casa!, ¿que no están entendiendo?, yo les llamaré cuando puedan entrar.
Eran las 12 del mediodía. Los 6 chamacos estaban junto a su madre bajo la sombra escueta de un mezquite deshojado, mientras, Teodoro seguía instrucciones al pie de la letra:
"Debes iniciar a solas, cuando den las campanadas de mediodía", decía aquella carta que parecía una fórmula mágica. El hombre cogió una batea y le rezó 3 Aves María en voz alta.
-A ver, luego dice que son dos cucharadas grandes de bicarbonato.
Corrió a buscar el frasco donde su mujer resguardaba aquel polvo.
"Luego, agrega harina en forma de cruz y mezcla".
Formó una cruz perfecta con 2 kilos de harina de trigo.
"Llena una cubeta con agua y revuélvela con la mano, dos vueltas a la derecha y cuatro a la izquierda", Teodoro estaba muy ilusionado siguiendo las instrucciones al pie de la letra.
-Ya pueden entrar, mujer. Tráete a los chamacos para que prueben- dijo con las manos llenas de masa.
-¿Qué hiciste, Teodoro?, ¿por qué embarraste con masa las charolas de hornear?- cuestionó Teresa muy molesta al ver el suelo del patio cubierto con charolas que reposaban bajo los rayos del sol.
-¿Te volviste loco?- gritó la susodicha con la mano levantada a punto de aventar un "catorrazo".
-Espera, mujer, nos vamos a voler ricos con este negocio- dijo el hombre de 40 años mientras calentaba un cazo lleno de aceite encima de la hornilla.
Acercó las bandejas con masa seca, la rompió en pedazos y cocinó en el aceite hirviendo; al contacto con el aceite, la masa seca se infló, creció y doró ligeramente.
-¡Meche, Concha, Chu, Pancho, Tina, Consuelo, vengan a probar!- gritó emocionado.
Los chamacos devoraron la masita frita chupándose los dedos desde la palma de las manos.
Desde ese día, Teodoro comenzó un negocio: puso a la venta la masita milagrosa. Y como no quería compartir la receta con nadie, inventó una historia para sacar a todos de su casa cada vez que preparaba el menjurje secreto. Nunca se supo cómo la consiguió, pero cuando llegaron los duritos de harina al abarrotes de la esquina, el negocio cayó de picada.
En 1960, antes de que llegará la pasta de harina (duros) para freír, Teodoro preparaba la masa y freía para la venta en cucuruchos de papel estraza, dicen que eran doblemente sabrosos a lo que conocemos hoy, pero tristemente se fue a la tumba con la receta.
Chef Juan Ángel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.